Para la artista visual mexicalense, Volta, salir del anonimato significa, paradójicamente, recurrir a otros nombres, a otros rostros, a otra letra. Entonces para ser ella misma requiere de un seudónimo. Y para darle voz a los que no la tienen utiliza los muros y paredes del espacio público y los interviene con propa, esténcil, calcomanía o aerosol. Su interés está en convertir a peatones y automovilistas en cómplices de su mirada, para que posteriormente se vuelvan observadores y participantes de su entorno.
Entrevistada una tarde de domingo de verano en el patio del bar, Kim Koh, ubicado en una de sus zonas preferidas, El Tango, como se le denomina popularmente al Centro Histórico de Mexicali, esto fue lo que nos dijo Volta, estudiante de la licenciatura en artes plásticas de la Facultad de Artes, campus Mexicali, quien ha participado en exposiciones colectivas en Alemania y Washington:
Inicie en el 2006 haciendo propaganda con esténcil, con engrudo; luego con papel engrudo tamaño carta, después doble carta, después tabloide. Una cosa me fue llevando a la otra; cada vez más grande, hasta llegar a una pared y usar el aerosol.
Hago esto porque me relaja, se ha convertido esto (el arte urbano) en parte de mi vida. Es como un reto personal, siempre estar avanzando y en constante cambio. Me gusta sentir el riesgo, la adrenalina de hacer grafiti; es un sentimiento difícil de definir y explicar es el riesgo todo lo que implica hacer algo ilegal.
Creo que la esencia del grafiti es la ilegalidad, bien podemos llamarlo vandalismo. Pretender aceptar el grafiti sin su esencia de ilegalidad es no entender una de sus causas básicas de producción.
Con el tiempo las emociones se han transformado, pero siempre será como el primer día que agarré una lata y estuve frente a una pared. Se transforma, pero siempre estará ahí ese sentimiento de adrenalina, aunque también está el lado legal, pero para mí un verdadero artista callejero es el que puede hacer el trabajo legal e ilegal y con la misma calidad.
Como mujer tengo ventajas y mucho apoyo; siempre he estado rodeada de hombres, por lo mismo, porque no hay mujeres en esto. Hay mucho apoyo como mujer porque ven que haces algo chilo, no se ve la diferencia de si el trabajo lo hizo un hombre o una mujer. Hay muchos que por años pensaba que yo era hombre, hasta que te conocen y se sorprenden de que seas una mujer, se sacan de onda.
Ser mujer no lo veo como una dificultad, al contrario, me inspira a seguir adelante, a que no debo tirar la toalla. Cuando llega la policía todos corremos y los policías voltean como que ella no está haciendo algo malo. No creen que tú estés haciendo algo ilícito. Me ha tocado que a mis amigos los agarran, los patean o los golpean los policías, pero a mí no, nomás te tocan y revisan que traes y ya.
Ya han pasado ocho años y aquí en Mexicali no conozco a alguien más que sea mujer y grafitera; hay talento, muchas mujeres lo tienen, solamente faltan huevos.
Al interior de la familia siempre me han apoyado, no es lo ideal o lo más bonito, pero es lo que hago. Mi papá falleció, no vivo con mi mamá y siempre he hecho lo que he querido. Nunca he tenido reglas.
Me gusta trabajar en la calle, entonces trabajo temprano; ahorita hace mucho calor. También en la noche trabajo, que es cuando salimos a la calle como a la once o doce; todos nos juntamos a reunir nuestras mochilas, nuestras cosas. La parte de la ciudad que más me gusta es el centro (histórico), porque es la parte más antigua, aparte de que aquí es donde más me gusta para hacer mi trabajo porque dura muchos años. También me gustan los lugares abandonados, las avenidas, darle vida a los lugares olvidados; se me hace chilo.
Los temas que me interesan son la vida y la muerte, casi siempre están en todos mis trabajos. Los colores, el blanco y el negro. De la vida y la muerte me gusta todo lo relacionado con eso, porque solo tenemos una vida y hay que vivirla.
El soundtrack que elegiría para mi trabajo sería de música hip hop o punk. La adrenalina de hacer algo ilegal es para la música rápida. Me gusta mucho Misfits.
En cada trabajo hay una historia, detrás de cada calca o propa, te acuerdas de lo que pasó, cómo llégate hasta ahí; el grafiti es efímero, no dura para siempre porque te tachan, te enciman, te borran.
Me encanta hacer lo que se supone no debo hacer. Sólo tienes que ser un poco inteligente y saber moverte. Me encanta sentir la adrenalina, el riesgo, es un sentimiento difícil de explicar. He estado en la cárcel una vez, pero es parte del riesgo. La policía te quiere llevar a como dé lugar.
Me gustaría que mi trabajo se transformara viajando, conociendo otras ciudades, porque se abre el panorama, conoces más gente. Pintar aquí y en China es igual, las ciudades no se imponen, tú te impones a ellas, pero viajar te estimula, te abre la mente y el panorama, te estimula a quererte ir más lejos, a otra ciudad a dejar la huella. Mi ciudades ideales para pintar serían el DF y Japón.
Antes de morirme voy a subirme a un espectacular, eso está en la lista de cosas que voy a hacer. He hecho trenes (pintado) y se siente bien cabrón. Por la altura, la adrenalina que se ha de sentir, es lo que quiero hacer, subirme a un espectacular.
“El grafiti es el lado más artístico del vandalismo, o el lado más vandálico del arte”, sentencia la artista visual mexicalense.