Por: Jorge Damián Méndez Lozano.
Originaria de la ciudad Tecate, un día laborando como mesera en un restaurante de esa localidad, la artista visual, Chantal Peñalosa, se percata de la ausencia permanente de comensales. Comienzo del satori. Consecuencia del abandono, se había transformado el paisaje de las mesas, pero también lo habían hecho sus actividades como camarera ahora que los clientes, extranjeros y co-nacionales, ya no transitaban en donde ella servía los platillos del menú. Ante esto tuvo la idea de registrar en video las nuevas actividades surgidas a partir del rezago económico de la localidad, que se reflejaba en acciones y gestos tan fútiles y escrupulosos como rellenar los saleros con exactitud química, limpiar los cubiertos con esmero arqueológico y buscar piedritas en el frijol con afán gambusino.
Posteriormente intervino en la cotidianidad de su contexto con una nueva ruptura: Se subió al techo de una casa de dos pisos ubicada sobre la avenida México, calle que colinda con la frontera estadounidense, e igualó desde su privilegiada posición la altura de una patrulla fronteriza, siempre vigilante, estacionada en la cima de una montaña; primero se colocó de espaldas a ésta rotando poco a poco en 360 grados, describiendo el paisaje, hasta quedar de frente al armatoste de la Border Patrol, creando con esto un diálogo en silencio.
¿Cómo re-significan las acciones de vigilancia, las dinámicas laborales y las rutinas de espera, los habitantes de las pequeñas ciudades ubicadas al filo de la frontera México-Estados Unidos en donde han acontecido infinidad de veces actos de violencia? Chantal Peñalosa, no lo explica en la siguiente entrevista.