Panca + Artista Visual

 

POR: JORGE DAMIAN MENDEZ LOZANO.

Panca es una artista visual nacida en San Diego, California, quien encontró en las  calles de la convulsa ciudad de Tijuana sus motivaciones y temáticas artísticas. Paola Villaseñor, nombre real de la artista, se ganó su apodo entre los amigos, el desmadre y el desenfreno nocturno que se ambienta con rolas punk.

Le gusta pensar que su trabajo es una especie de masaje a los ojos del espectador y al mismo tiempo una cachetada de realidad y de locura. Si Tiyei, piensa, fuera un droga, sería cristal: por acelerado, porque nunca pega el ojo, porque te fuma hasta la última neurona, porque te borra todas las letras de tu nombre.

Panca dice que si se le hiciera una autopsia a su obra ésta arrojaría como resultado a un corazón saludable, un cerebro en desintoxicado, dos pulmones en espera de más acción y un hígado medio jodido que poco a poco se restablece.

Su obra visual surfea entre las olas del surrealismo, la ilustración, el erotismo, la felicidad, el caos, la monstruosidad, la rabia y las tonalidades de color pastel. La obra de la Panca es la celebración de un orgasmo sin final. Es el resultado de una obra que no para de cruzar fronteras.

¿Por qué el apodo de, Panca?

A mí me decían panca por punk rock, porque era muy desmadrosa, era más joven y andaba medio perdida, pero pasándomela bien, con gente del arte, pero yo no estudié arte y me sentía como muy punk-rock en mi estilo, pintaba pero no se me hacía como lo más clin de la gente que yo admiraba. Ahorita soy bien detallista, ya me obsesiono en lo que hago de cierta manera y como que voy en contra de mi nombre pero me gusta mantenerlo para recordar de dónde vengo, dónde empecé y como va todo y no olvidar que soy asi, nada mas perfeccionar, como Tijuana que es imperfección, es una espiral de la misma cosa lo que trato de representar siempre.

― Brevemente, ¿cuál es tu historia?

Soy hija de inmigrantes. Y de una manera me sentía muy desconectada siendo mexicana y creciendo en Estados Unidos. Fui creada en toda la cultura pop americana. Vi caricaturas como las de Ren y Stimpy, desde muy chiquita; obviamente me influenció, y creo, lo procesé de esa manera. De niña siempre estuve alrededor de gente más grande que yo y tuve que pensar más rápido, tuve que entender cosas de manera más rápida y tuve que pintar y dibujar para no aburrirme al estar sola y entender las cosas dibujando. Se me quedó la costumbre de entender las cosas dibujando.

Yo soy bien ñoña, soy de Chula Vista. Si haces las cosa bien y con mucha pasión con eso te ayudas, no es todo, pero debería haber más mujeres que dominaran. La gente no sabe, pero hay muchas mujeres que dominan en el mundo del arte y de otras partes del mundo, pero en México hay mucho machismo y nunca puedes esquivar todo eso totalmente.

― Imposible no señalar y preguntar, ¿cómo te va en el medio del arte siendo mujer?

Es fácil en el sentido de que te pelan más porque eres mujer y llamas la atención, pero también es malo porque la gente no te deja de ver como un objeto sexual y a la vez como un objeto inferior, y en México es muy obvio, y me he topado con varios problemas con otros artistas. Tal vez intimide a cierta gente y con eso hay problemas. A mí me gustaría mucho ser activista en esta onda mujeres que pintan y también llamar la atención para que más mujeres se pongan a pintar, a salir a la calle.

― Un día no estabas y ahora figuras entre las artistas más importantes del noroeste de México.

Desde que salí de la prepa fue un gran problema. Yo fui dándome cuenta que esta es la única cosa que me iba a ayudar a entender muchas realidades fuertes de la vida que en Tijuana de una manera se sienten y se ven; por ejemplo: los deportados. Una realidad que tienes que entender y el arte me ayuda mucho de una manera a enfrentar esas cosas. Me dedico al arte porque me mantiene feliz, y pues, me gusta en realidad.

― ¿Nace el arte de la felicidad?

No nace de la felicidad, pero sí te da felicidad. A mí me ayudó a entender cosas que me causaban dolor o confusión como la que te daría un niño o algo muy especial. Es como surfear, algo natural, pero sí te da felicidad.

― ¿Nace el arte de la felicidad?

No nace de la felicidad, pero sí te da felicidad. A mí me ayudó a ente

― ¿Cómo piensas tu obra visual?

Me gusta pensar que es un lenguaje visual. Puedes encontrar muchos elementos de lo que representa Tijuana; desde mi punto de vista, estando caminando, viviendo en el Centro (zona). Sentir la frontera, cruzar y vivir en ella y todo lo que tal vez vea aquí.

Mi obra es como hacerte masaje a los ojos con el color y de una manera hacerte pensar las cosas de una manera no pensada. Recordar esa locura en el mundo que la ignoramos pero ahí está. Es como una cachetada de realidad y locura.

― En lo abstracto, ¿cuál es tu discurso visual?

El caos, un poco de lo existencial, lo diario, desde salir a la tienda, una mirada, una plática, puede haber de todo.

― Nos conocimos hace un par de hora aquí en la Zona Centro: casa del mito y leyenda llamada Tijuana, de la noche, del desenfreno, los vicios, la locura, ¿qué le proporciona este punto geográfico a tu obra?

En el centro vas a notar mucho color. Mi familia es de Cuernavaca y venia de niña, siendo de San Diego, para venir al doctor, al mandado, y se me hacía muy feo, me mareaba; hay mucha promoción de todo lo que es del gobierno, se vende todo tipo de cosas, y me dieron ganas de proyectar algo con mucho color que llamara la atención, que representara algo de Tijuana, pero de una manera muy sutil, pero fuerte, que te impacte. En el centro se pueden ver muchos deportados, a jóvenes divirtiéndose, caminando, dando el rol, se divierten salen y se mezcla todo eso y es la perfecta fusión para poder encontrar la locura del arte, que no lo podría hacer en una colonia muy fresa porque de volada estaría expulsada.

― ¿Cuál es tu caos?

Tengo como un caos interior, mi mente se mueve muy rápido y también siento muchas cosas y soy muy sensible. Puedo decir que me proyecto mucho y mi arte es muy vulnerable y tiene como doble filo la espada.

― ¿Cómo te come el arte?

No diría que me come, me gusta el arte y lo que siento que te come es cuando cruzas la frontera. Yo trabajaba en San Diego, cruzaba diario y había mucha fila y me tocaba ver los abusos de parte de los migras, cómo se mueve la gente en la fila, la realidad es muy fuerte y de una manera sentí que gastar tanto  tiempo de mi vida haciendo fila me empezó a comer el alma, sentí mucho desgaste.

― ¿Será una Tercera Nación, Tijuana, o solamente fue un burdo cliché comercial, allá por el 2004?

Sí. Es híbrido. Siendo de San Diego te vienes para acá y te das cuenta que la información fluye de otra manera, estás en la frontera de dos países, se nota bien fuerte la diferencia, cómo se mueve la información quién y cómo la mueve. Si cruzas la línea puede ver en directo la agresión, puedes ver el feeling del estado, del país. He vivido en el DF, que es la capital y las cosas son más lentas que en Tijuana, es muy loco, cualquier parte de México es muy diferente a Tijuana y si tienes la oportunidad de cruzar a diario pues es doble esa diferencia.

― Tijuana se impone. Es como una mujer perversa a quien no podemos abandonar.

He vivido en Portland, DF, New York y Tijuana nunca se va de mí, la amo. Quisiera vivir en San Diego y trabajar y moverme allá, pero definitivamente yo regresaría muchos días de la semana. Hay algo en Tijuana que no lo puedo encontrar en otra parte, no sé si es porque todo está más concentrado en un espacio o porque la energía de ser otro tipo de país pero no podría estar en SD, remplazando, no está mi cura, sí me afectaría.

― ¿Qué tipo de droga será Tiyei?

Quisiera que fuera marihuana, pero es como el cristal, Tijuana es una ciudad muy agresiva y si llegas aquí y no sabes qué onda te come, yo lo he visto, he estado cerca de eso. Es como el cristal, la gente te dice: ”ándale poquito cristal nomás pero la verdad que en cuanto empiezan haciendo cristal se les nota en la mirada, aquí hay muchas gente que hace cristal, entonces creo que definitivamente fuera cristal.

Si fuera una comida fuera un taco de pastor o un taco de marlín.

― Me gusta imaginar, cómo trabajan los artistas, en ete caso visuales, Háblanos de la estructura y tu disciplina al momento de trabajar-crear.

En el último año he estado estructurando mi forma de trabajar, era muy irracional. Un día quería pintar y decía: “voy a hacer un cuadro” y me iba al Cesars (bar), o a una cantina o la casa de un amigo y llegaba otro amigo, y pintaba  a las dos de la mañana. Ahora prácticamente desde que me despierto pinto.  Le doy de comer a mis animales, me salgo a andar en bicicleta, vivo en Playas, veo gente. Me gusta trabajar en varios cuadros a las vez, lo que me mueva prácticamente me pongo a trabajar hasta que termine y diga, “ya”, y empiezo a hacer otra cosa, siempre trabajo. Si tengo suerte en el día pinto un mural y estoy todo en el día en el sol trabajando hasta que termino.

― ¿Cuál sería tu aportación al arte bajacaliforniano?

Mi aportación al arte de Baja California sería la sobrevivencia. Desde los 19 años viví aquí y sobreviví. Tijuana es una ciudad en donde la tienes que hacer por ti mismo y yo venía de Estadios Unidos, chiquiada, protegida, bien ñoña y de repente me escupen acá a Tijuana a sobrevivir, a cuidarme, a moverme.

― Dice Ciorán que hay que estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero más de lo que no hemos hecho. ¿Qué nunca, piensas en este momento, harías?

Agarrarme de una fama muy chafa, dejar de evolucionar en mi obra. Ahora he agarrado conocimiento y no diría  que de toda la vida yo dijera que soy la que hace las caritas con los monos definitivamente lo último que quiero es ser la misma persona toda la vida, tal vez me equivoque en el camino, pero quiero cambiar a cada momento que pueda porque de alguna manera es morirte.