Por: Jorge Damián Méndez Lozano.
Un hombre viaja todos los días de un punto a otro de la ciudad. Comienzo de la historia. El periplo lo realiza dentro de algún autobús del transporte público mexicalense. Origen de la creación. No tiene claro qué quiere ser en la vida o de si quiere ser alguien en la vida. De ahí que no le afecte en lo más mínimo el paso del tiempo y los incidentes del espacio. Puede permanecer inmóvil durante ocho horas observando paisajes tan disímbolos como lo puede ser una sólida montaña de La Rumorosa o el transitar de los automóviles sobre el asfalto del bulevar.
No lo sabe, pero cada uno de los 1200 boletos de camión que desde finales de los años noventa, y hasta la fecha, le darán al pagar durante sus trayectos, terminarán exhibidos como una pieza artística bidimensional sobre cuatro paneles de madera dentro de la Sala de Artes “Rubén García Benavides”, ubicada en el Centro Comunitario, campus Mexicali.
Su nombre es Héctor Javier Herrera Lozano, uno de los cinco ganadores de la “X Bienal de Arte Contemporáneo UABC”, edición 2013. A lo largo de la charla el lector encontrará tornillos, piedras, pedazos de cartón, papeles de diversos tamaños y frascos de Gerber, todo, con el fin de ser reutilizado.
La entrevista se lleva a cabo en la sala de su departamento del fraccionamiento Residencias. Meses atrás en este lugar vivía la propietaria de 80 años, pero falleció. De ella solamente queda el recuerdo. La pareja de Héctor, Cinthia, me platica que en ocasiones el gato, su mascota, sale corriendo de la cocina con el pelo crispado; no duda que tenga la capacidad de ver el espíritu de la difunta.
ENTREVISTA //
― Héctor, aparte de ganar, ¿cuál es la parte más emocionante de un premio en artes plásticas?
“Gran parte de lo que emocionaba de ganar era poder pagar deudas. A mi abuela le debía la renta de varios meses de un departamento. A un tío le debía unos dólares que me prestó para comprar el material con la pieza que gané. A un primo político que vive en Boston no lo he pagado, pero lo haré, cien dólares de unos litros de cerveza que me fabricó y que repartí cuando presenté una revista que realizo.
Va a sonar medio mamón pero las únicas dos veces que he participado en alguna bienal, las dos veces he ganado".
― ¿Qué significan para ti los premios en general?
“Para mí los premios son una ayuda, un apoyo para seguir trabajando, un estímulo, no tanto una competencia”.
― ¿Cómo te enteras que de que resultas ganador de la X Bienal de Arte Contemporáneo, UABC?
“Me enteré de que había ganado porque un tío que es odontólogo me felicitó por mensaje de celular y me dijo que lo había mirado en el periódico, La Crónica. Me cambié y me fui a donde estaba él. Me enseñó el periódico y vi que sí, que era uno de los ganadores. Recuerdo que festejamos con unos caballitos de un whiskie muy caro. Precisamente ese tío me había prestado 30 dólares para comprar el material con el que realicé la pieza”.
― Háblanos de la obra con la que resultas triunfador: Bueno Por Un Viaje.
“Tengo un conflicto entre tirar cosas y no tener nada. Me gusta el orden, pero por otra parte me gusta juntar cosas que voy encontrando. En mi casa en broma dicen: si vas a tirar basura mejor dáselo al Héctor, de seguro va a hacer algo.
La pieza con la que gané nació dentro de un camión urbano. Me llaman mucho la atención las rutas y el movimiento de las personas que viajan en el autobús y a la vez éste como el objeto que es. Después me empezó a llamar la atención el interior de los camiones, sus rótulos, los anuncios, las advertencias, la decoración. La pieza por lo tanto es un viaje, cada uno de los 1200 boletos es una experiencia, cada boleto cuenta una historia.
Esto de coleccionar boletos inició cuando tenía como 16 años. Vivía en la colonia Cuauhtémoc. Un día clavé tres boletos en una pared de yeso y pensé que un día haría algo con ellos, no sabía qué, pero al tenerlos clavados los tendría presentes siempre.
Durante diez años fui guardando los boletos que me daban los choferes al pagar, el llamado “Seguro del viajero”. Esta pieza es de alguna forma como la representación de lo que es la experiencia de viajar dentro de un camión”.
― Los 1200 boletos que componen tu pieza ¿a qué rutas pertenecen?
“A camiones de toda la vida: Valle Dorado, Constitución, Alamitos, Palaco Justo Sierra, Ruta Cuatro, Pro-Hogar. Me gusta subirme al Libertad, porque no son camiones son como paneles con puerta de camión, son pequeños, como loncheras.
La pieza son cuatro paneles en donde están sostenidos por alfileres 1200 boletos de camión”.
― ¿Cómo te inicias en el arte?
“Cuando salí de la preparatoria quería estudiar diseño gráfico y entré a UNIVER, pero me salí después de un año y entre a la Facultad de Artes a estudiar artes plásticas, soy de la tercera generación”.
― Fuiste alumno del maestro Rubén Benavides, la galería en la que se te premia lleva su nombre, ¿qué es para ti su enseñanza?
“Uno de los profes que más recuerdo es el maestro Rubén Benavides. Me enseñó a usar los colores sólidos, es decir, que no están mezclados. Batallo para difuminar. Siempre que pinto me acuerdo del profe, trabaja muy limpio”.
― Sé que sientes una profunda emoción por recorrer la ciudad de Mexicali, ¿qué es lo que más te gusta de ella?
“De la ciudad disfruto mucho pasearla. Pasear es pensar. Me gusta mucho ver los anuncios, edificios en construcción. Ya tengo rato que a todos lados voy en bicicleta y eso es bueno porque te permite mirar. Cuando manejo carro es poco lo que se puede observar, solamente sirve para moverte de una lugar a otro, pero no hay tiempo de mirar con detenimiento. Es más fácil disfrutar la ciudad en bicicleta o caminando. Soy un mirón de la ciudad y sus situaciones”.
― En tus piezas la piedra angular es el desperdicio o la simulación de este, ¿qué es la basura o el desecho para ti?
“Me gusta mucho la basura, aunque se escuche raro. El desecho lo que dice es que se va a crear algo más. Siempre he pensado que después de destruirse algo va a empezar otra cosa. La basura habla del crecimiento, de las ciudades, por ejemplo, un lote baldío te dice que algo va a pasar ahí o ves un local que acaban de abandonar y lo están derrumbando y te dice que algo van a construir ahí.
Me gusta un jardín muy bien cuidado, pero te digo, también me gusta un lote baldío. Siempre he pensado que con las cosas que están ahí se puede hacer algo. Me gusta reutilizar”.
― En el año 2009 resultaste unos de los ganadores, en la categoría de escultura, de la “XVII Bienal Plástica de Baja California”, con una pieza titulada, Bolsa En Vuelo. Háblame del proceso de elaboración de esta pieza.
“Esta pieza la comencé a trabajar en la clase de escultura, es una secuencia de una bolsa de elaborada con papel maché volando. La pieza es la secuencia de una bolsa de mandado que va volando en el aire. La idea surgió porque antes trabajaba en la empresa Telvista. Agarraba un camión que me bajaba en la carretera a San Luís y caminaba por una calle llena de terrenos baldíos cercado con malla de metal. Ahí me tocaba ver un chingo de basura y bolsas de plástico tiradas o atrapadas en los cercos y pensé, cómo sería una pieza hecha de bolsas de basura moviéndose. Representar el ciclo producción, consumo, desecho y reúso”.
― De no haberte dedicado al arte, ¿a qué te hubieras dedicado?
“De no haberme dedicado al arte hubiera sido diseñador industrial, me gusta la idea de crear objetos funcionales. También me hubiera gustado la botánica, la paleontología, algo que tuviera que ver con la naturaleza o con el trabajar al aire libre”.
Durante el tiempo que duró nuestro encuentro bebimos cerveza, tequila y café. Degustamos cacahuates salados, churros de maíz, papa fritas y rodajas de pepino con salsa picante. Escuchamos rolas de Janis Joplin, Antibalas, y en ocasiones se coló el silbido del tren que circula por la calzada López Mateos. En este hogar el perro también participa del rehúso. Al cuadrúpedo le están destinados para su mordisqueo los cilindros de cartón de los rollos de papel higiénico. Al finalizar la charla, Héctor me explica que una de sus próximas piezas artísticas estará elaborada a partir de imágenes de canes urbanos atropellados; algunos tantas veces que terminan como cáscaras de plátano sobre el pavimento, que disputan el grosor físico con el de un boleto de camión.
*Este trabajo se realizó como parte de las actividades semestrales (2014/1) del Taller de Crónica Urbana, del Centro de Escritura y Apreciación Literaria, de la Universidad Autónoma de Baja California.