Tijuana Comprimida

Audio parte 2

 

Por: Jorge Damián Méndez Lozano.

Ingrid Hernández es una artista visual que recurre a la fotografía como vehículo para explorar y revelar, no solo las condiciones sociales de un grupo específico sino, como nos lo hace saber: ”Mostrar en las fotografías a estos grupos como personas que van más allá de una condición social; como personas que toman decisiones aún en condiciones precarias”.

Desperdicio, pedacería, reúso, acumulación. Una ciudad comprimida en la fachada de una casa levantada sobre un asentamiento irregular de la zona Este de Tijuana. Una geografía arquitectónica que simula el caos. Una historia y un hogar materializado desde la fuga y posterior desplome de una maquiladora golondrina que simultáneamente: abandona y convierte en basura lo que será el único material a la mano que los moradores de los asentamientos irregulares utilizarán en la construcción de sus espacios.

Ingrid Herrnández dice que su labor no es estigmatizar por cómo viven estos habitantes, sino alentar una lectura más amplia, que pueda llevarnos a conocer a través de estos grupos a una sociedad en la que estamos inmersos.

Hablar de lo complejo de la sociedad desde la inmersión, intrusión, registro y reflexión de las viviendas de un grupo social específico que existe, como dijera el escritor y tijuanólogo, Heriberto Yépez, en “una ciudad de ciencia ficción sin futuro”.

 

ENTREVISTA

― ¿Cómo nace este proyecto?

Inicié este trabajo hace diez años con el interés de saber cómo estaba creciendo Tijuana. Tenía la idea de que la gente de Tijuana no vivía en estas condiciones sino que eran migrantes. Cuando comencé a hacer investigación, entrevistas, me di cuenta de que los tijuanenses y no solamente los migrantes viven en estas condiciones. Entonces, eso fue una cosa que cambio y me di cuenta de que tenemos prejuicios, ideas de la ciudad. Yo pensaba que todos los espacios autoconstruidos pertenecían a personas de otros estados de la república que se enfrentan a la ciudad desde sus carencias y resultó que hay gente de Tijuana que habita estos espacios. Ahora pienso distinto a partir del conocimiento de estos espacios.

― ¿Qué está en el centro de tu trabajo?

Quiero que en las imágenes no solamente veas una condición social sino que veas decisiones que la gente puede tomar aun en una situación precaria. En este sentido no quiero que estos grupos sean estigmatizados por cómo viven, sino que las lecturas sean más amplias, que también podamos conocer a la sociedad en la cual estamos nosotros, entonces también hablamos de nosotros. Busco hablar de lo complejo que puede ser la sociedad aunque yo me enfoco en un grupo social específico.

Mi trabajo consiste en hacer investigación a partir de la fotografía y de otras técnicas cualitativas, por ejemplo, observación, entrevista, inmersión en comunidades por periodos prolongados de tiempo.Mi formación es en sociología (UABC, Mexicali) y una maestría en administración del medio ambiente (COLEF, Tijuana). El medio ambiente visto desde una perspectiva amplia y no solamente como parte de las ciencias naturales, como muchos pensamos, sino también como parte de las ciencias sociales. ¿cómo la sociedad puede entender, abordar y enfrentar una problemática ambiental?, eso es lo que mirábamos en la maestría.

 

― ¿Cómo te recibe la comunidad con la que realizas trabajo de registro, de exploración?

“Cada proyecto me lleva desarrollarlo como un año. No llego a la comunidad tomo fotos y me voy, sino que llego, me presento y trato de hacer contacto con algún miembro de la comunidad que es identificado como una persona de confianza; puede ser un líder o alguien que esté realizando trabajo de desarrollo social en su propia comunidad. Y a través de ellas me voy involucrando; siempre son señoras las que de la comunidad y con quienes uno se aproxima para hacer trabajo, ellas son las que te abren las puertas.

Si ves mi trabajo, literalmente me meto hasta la cocina, al cuarto de baño, al closet, a lo más íntimo. Esto solamente se puede dar de una manera más o menos sencilla a partir de una relación que estableces prolongada de tiempo. Les hablo de mi trayectoria, de quién soy, qué hago, dónde he expuesto, de las publicaciones que tengo, y no con un afán de pretensión, porque ahí no importa si eres X o Y persona; más bien porque el trabajo que yo voy a construir en esa comunidad debe quedarles claro a las personas de qué se trata, dónde lo voy a mostrar, en qué contexto, ¿por qué?, porque evidentemente el contexto te da una lectura del trabajo. Trato de ser transparente con la gente desde el primer contacto. Y a partir de que les planteo que trabajen conmigo, la mayoría de las veces me dicen que sí; es así como comienza un proyecto.

Entonces (respondiendo a la pregunta) cómo me toman; al principio piensan que soy reportera o investigadora, pero con el tiempo nos vamos conociendo y se dan cuenta que soy artista. Les cuesta trabajo entenderlo, pero después de varias conversaciones, intercambios y experiencias que hay, van entendiendo de qué se trata esto.

 

― ¿Qué te dice la comunidad cuando ve en las fotografías su casa, su espacio?

Es muy interesante la respuesta porque va como en dos extremos. Siempre hago una exhibición dentro de la comunidad antes que en otra parte porque creo que es lo más congruente.         Si tú estás trabajando dentro de la comunidad, los primero que deben conocer los resultados son estas persona con las que estás haciendo este trabajo en colaboración, ahí es donde tengo la oportunidad de conocer lo que la gente piensa de las imágenes.

Las respuestas van en dos sentidos: por un lado, están los que se impresionan, porque dicen, porque se preguntan, ¿cómo podemos vivir así?, pero en un sentido de reflexión, en un sentido de sorpresa, de descubrir una forma en la que viven y de la cual no se han dado cuenta plenamente. Eso los hace pensar y preguntarse: ¿qué onda con esta manera de materializar mi hogar? El otro sentido, opuesto, es el de la sorpresa y dicen, nunca había visto mi casa así de bonita, debido a que hay una perspectiva estética con la cual se está construyendo la casa. Son dos sentidos opuestos, dos extremos.

 

― ¿Hacia qué extremos se carga con mayor regularidad?

Regularmente se carga más hacia el lado del descubrir un espacio leído de una forma distinta con un cierto valor. No puedo decir que positivo, pero sí se dan cuenta que el acercamiento que yo tengo frente a sus espacios, es un acercamiento de respeto. Creo que en ese sentido se va más hacia la sorpresa de ver sus espacios de manera distinta y que no es una forma de juzgar los espacios; porque es fácil caer en juzgarlos y verlos desde la lastima o la compasión. Siempre quiero dejar claro que el trabajo que yo hago es alejándome de esa perspectiva que existe cuando te acercas a estos lugares paupérrimos de los márgenes, quiero que cuando la gente vea este trabajo vea que hay otras maneras de vivir y que pensemos más allá de las circunstancias materiales de la gente y que pensemos en circunstancias sociales y que nos cuestionemos, ¿qué onda con la sociedad en la que vivimos que se permitir vivir en estas condiciones?

 

― ¿Es la carencia, la cultura o en cierto sentido un gozo lo que los lleva a utilizar este tipo de material en la construcción de sus viviendas?    

Hay algo que debemos comprender, no solo es la carencia la que te lleva a construir una casa con equis material, sino algo que he visto en las investigaciones que he desarrollado con mi trabajo y que tiene que ver con la cultura, con el bagaje, con cómo nos hemos construido culturalmente que te hace elegir cierto desecho y te hace utilizarlo de cierta manera. Y ahí hay algo que es importante entender, y es que incluso desde la miseria hay elecciones, y no es que yo quiera exaltar la pobreza, al contrario, por eso hay una investigación detrás, porque lo que quiero es ir más allá de los prejuicios y de las superficies de las casas, literalmente; penetrar en los imaginarios de la gente, en los deseos, las aspiraciones.

 

― El escritor, Heriberto Yépez, escribió un texto sobre Tijuana que se titula, “Una ciudad de ciencia-ficción sin futuro”, ¿vendría este título a abrazar a resumir lo que ha sido tu experiencia de trabajo?

Es una muy buena reflexión la que hace Heriberto. Si tú ves, por ejemplo, una imagen que yo considero icónica de mi trabajo, que es una que muestra una casa construida con el cartón comprimido de la parte trasera de los televisores antiguos de la década de los 60s, 70s, 80s; ese cartón con hoyitos por donde salía el calor generado por el televisor. Imagina esta fotografía con un pie de foto como este. Hay imágenes que te dejan perplejo porque son muy complejas.

Cómo en una ciudad donde los desechos de maquila están en cualquier parte y uno los recoge, pues pueden servir para construir tu casa y como además con todo el bagaje cultural y de tu lugar de origen les das una lectura distinta a estos materiales, los resignifican, una frase como esta podría definirlo.

 

― Has viajado a New York, a Bogotá. ¿Cuáles son los comentarios, las dudas de tus fotografías que surten en el extranjero?

En el extranjero los comentarios que surgen son de sorpresa, de mucha intriga; se preguntan, ¿cómo es este lugar? Tienen la idea de que la sociedad es violenta o problemática, y aunque el trabajo no solamente lo he hecho en Tijuana, siempre te relacionan con la ciudad de provienes. Me dicen que pensaban, que se imaginaban ciertas casas, pero todo es más allá de lo que se pueden imaginar, y la pregunta que se hacen es: ¿qué hay en ese lugar para que se puedan dar unas casas de esta manera? Todo está construido con desecho y el desecho de cualquier persona habla mucho del contexto, entonces, esta ciudad siempre será relacionada o vinculada con las maquiladoras, ya que tienen un peso muy importante en la ciudad. Lo puedes ver en el trabajo de Jaime Ruiz Otis, o en el mío. No sólo son desechos de maquiladora, la gente que construye estas casas trabaja en la maquiladora, estamos unidos fuertemente al fenómeno de la maquila, queramos o no. Es como no querer ver el bordo cuando vives en Tijuana. Como mi trabajo, no hablo de la línea directamente, pero indirectamente la toca, porque somos una frontera y si las maquilas están instaladas en la frontera es porque estamos junto a Estados Unidos.

 

― ¿Qué elemento dentro de la vivienda les causa orgullo o es muy recurrente?

Un elemento que no se si les causa orgullo, pero que es una constante, es por ejemplo: un altar, casi todos lo tienen, una espacio donde está un santo, una virgen, una veladora; esto pasa sobre todo en las comunidades migrantes más que en la gente que es de Tijuana. Otro elemento que es súper recurrente es la tecnología, los aparatos electrónicos, los estéreos, televisiones, eso sí te puedo decir que está en todas partes, aunque en Colombia hay más dificultad para esto; aquí en la frontera es más fácil, pero en Colombia es más difícil. En Bogotá sacaba la cámara fotográfica y todos decían como: ¡guaaauuu! Y acá en Tijuana nadie la pela, miran la cámara y nomas dicen: ah, es profesional, y ya no la vuelven a ver.

En Colombia hice lo que nunca pensé, fotografié un bautizo, porque me lo pidieron.

 

― En el caso de New York, ¿qué tipo de trabajo realizaste recientemente?

Mi trabajo no solo habla de la gente que autoconstruye vivienda. Recientemente hice un trabajo en New York en donde hablo sobre la identidad mexicana a partir de los espacios, de las casas, de la gente mexicana que migraba a NY. Entonces, no se trataba de espacios autoconstruidos, pero sí autoconstruidos en el sentido de vestir ese espacio, diciendo: yo aquí quiero poner una cortina de flores. Ahí todavía hay más poder de decisión porque pueden elegir más el decorado e incluso también en la carencia porque son, digamos, grupos que carecen de muchos recursos.

En New York hice trabajo sobre los espacios de los migrantes que viven ahí, pero metí otras cosas que ya no tenían que ver con la foto. Pedí una carta a cada una de las personas con las que trabaje, que fuera dedicada a México. ¿Qué le pueden decir a su país después de tantos años de no vivir en México? Y lo hacen con los pocos elementos que tienen. No saben escribir muy bien, apenas estaban aprendiendo en una escuela tipo INEA, allá en New York. ¿Qué puede decir un migrante?, ¿qué imagina de México?, ¿cuál es el imaginario que tiene de su país?; lo tuvo que abandonar por no estar en las mejores condiciones, no podía crecer en su pueblo y tuvo que abandonarlo. Hay cosas muy suave y reveladoras.

Se escribieron alrededor de trece cartas. ¡Imagínate!, la carta es un documento íntimo, ya ni se usan las cartas, ya no escribimos a mano. Se usa el Facebook, el correo electrónico, ya no escribimos a mano. Entonces la carta se vuelve doblemente intima porque estás viendo la grafía, hay borrones, además estás hablando de gente que apenas se puede expresar de esa manera, por eso lo incluí, por la potencia que puede tener.