Los investigadores de Northumbria han dedicado buena parte de su trabajo a analizar las variaciones que se producen en las ondas emitidas por el Sol y, según los resultados, concluyen en que éste cambia su polaridad en ciclos de 11 años, hecho que influye en la cantidad de manchas solares que se pueden apreciar en su superficie.
De esta manera pudieron confirmar que la variación en las ondas hace que haya más o menos manchas y, también, que éstas sean un buen indicador de la actividad solar. Conoce otras conclusiones del estudio:
- Sus autores afirman que entre 2030 y 2040 habrá un número extremadamente bajo de manchas solares y que, por tanto, la actividad del Sol alcanzará mínimos muy parecidos a los que se presentaron durante la denominada Pequeña Edad del Hielo.
- El ozono mantiene calientes las corrientes de aire y se forma gracias a los rayos ultravioletas que emite el Sol. Cuando la actividad solar es intensa, se produce mucho más ozono debido a las llamaradas solares. Por tanto, si esta actividad disminuye, también lo hará la cantidad de ozono atmosférico, con lo cual será más difícil mantener calientes las capas bajas de aire de la atmósfera.
Sin embargo, será necesario esperar al menos 10 años más para confirmar que las predicciones del equipo de la Universidad de Northumbria son acertadas y, sobre todo, será necesario dedicar más esfuerzos al estudio tanto del enfriamiento global del planeta como de las consecuencias que pueda acarrear a nivel social, económico y ambiental.