Como una novedad diseñada para atraer más personas a las salas de cine, las películas del llamado cine de desastres, tuvieron su primer gran auge en la década de los 70, época en la que Estados Unidos, su principal productor, estaba enfrentando los efectos morales de la guerra de Vietnam, la inflación económica y la desilusión en muchos sectores de sus líderes políticos. Los desastres eran menores en escala de lo que se vería décadas después: un avión que se queda sin piloto, la explosión de un volcán, el hundimiento de un barco, un edificio consumido por el fuego... Esos eran los desastres. Las películas operaban entonces dentro del terreno de lo posible.
Dos décadas después, en los 90, el desastre adquirió mayor espectacularidad con cintas como “Armageddon” o “Día de la independencia”. Un rasgo que conservarían un década después con el surgimiento de cintas del fin del mundo que hacían gala de los efectos especiales, pero que también comenzaban a preguntarse porqué el hombre está obsesionado con su propia destrucción, como es el caso de la cinta “El Camino”.