Como niñas y mujeres, se nos ha inculcado que la ternura, el afecto, y el cuidado hacia otras personas son aspectos centrales de nuestra identidad de género, y casi que de nuestra “esencia o naturaleza femenina”. De tal modo que, de pronto pareciera que las mujeres aprendimos que expresar amor a través del cuidado y la atención hacia otras personas, no es un derecho ni una elección, sino un deber. Un deber que se ha construido en un mundo en el que gran parte de los gobiernos no asume una responsabilidad sobre el cuidado de su ciudadanía, no garantiza políticas públicas que favorezcan una repartición equitativa de las labores de cuidado y del hogar. Un mundo que exige a las mujeres realizar este trabajo en nombre del amor, sin esperar remuneración económica ni social, y además siempre contentas de estar al servicio de los demás. Te invito a leer el artículo completo en https://karlairis.com/difusion/
Eso que llaman amor es trabajo.