Hablamos acerca de una de las escuelas helenísticas, la escéptica, que tiene fundamento en prácticas orientales y que emerge con Pirrón de Elis quien nace 365-360 a.C al parecer este personaje viaja con la expedición de Alejandro Magno.
Para su época esta teoría resulta radical pues se opone al dogmatismo o a una sola verdad, que era una tendencia generalizada; sin embargo para los escépticos, la filosofía es una indagación constante para no caer en ideas que no se pueden modificar, así la filosofía escéptica se funda sobre la duda.
Para las personas de esta era, fue difícil saber qué creer respecto a sus tradiciones y culturas, habiendo bastante coincidencias en cuanto a los profetas o sabios de las distintas civilizaciones circundantes, es así que al tener contacto con diferentes teorías, como el ascetismo proveniente de la india, que trata de la abstención o restricción de placeres corporales físicos o emocionales que no perturben tu estado espiritual/mental, se conjugo para que un fundamento o base de la teoría escéptica sea dentro de la naturaleza. En ese aspecto, los sentidos no van a constar como un valor relativo o una evidencia para el conocimiento como lo era en el caso de los cirenaicos, es decir que vamos a hablar de encontrar el sentido de tu existencia, en ti mismo y una aceptación de tu cuerpo natural, pero no por medio de lo que se presenta ante nosotros, si no que todos los procesos que este mismo cuerpo presenta, no van a tener una necesidad de explicación.
Adversarias a estas ideas son la acción, la actividad y las ocupaciones de la vida común, es por ello que en la no acción que podemos encontrar la serenidad, donde no existen perturbaciones de lo externo o que puedan hacerte perder el equilibrio. Una de las bases de esta escuela es la epojé (del griego ἐποχή «suspensión») que se refiere a suspender el juicio o un estado de conciencia en el que no se niega, ni se afirma nada, en absoluta relación con el budismo Zen: “Lo que veo, es”. Es así que de igual forma se postula esta imperturbabilidad. Sócrates afirmaba por ejemplo: “yo solo sé que no se nada”, porque probablemente lo que vemos, no es dirían los escépticos.
El escepticismo se divide en dos, una teoría filosófica o postura vital, o forma de vida que admite la cuestión, que no permite la perturbación y que postula que no hay necesidad de que nuestro ánimo decaiga por una cuestión externa. Se puede ser feliz y sustraerde de las angustias de la vida, a través de la ataraxia y la búsqueda del epojé. Moderar las necesidades como el hambre, el frio o el calor, y no hacer caso por aquello que pueda perturbar tus emociones. Esto nos invita a pensar que el conocimiento no puede ser absoluto, incuestionable, certero, confiable que nos hable de una verdad entera, completa capaz de resolver todas las cuestiones porque simplemente esto no nos debe preocupar.
La teoría practica que Pirron obtiene del contacto de culturas orientales del mundo ascético como el budismo o practicas chinas admite que no existe conocimiento absoluto que hay un cuestionamiento desde las categorías de dios, yo mismo, valores, los otros, un mundo externo o la casualidad. Es decir, se duda o cuestiona la propia existencia, pero no en un sentido egoísta o nihilista, sino como un paso que invita a encontrar la felicidad que no se preocupa de cuestiones banas como la opinión de los demás. “Nada es más”: ni más bonito, ni más feo, ni más agradable, ni más desagradable; simplemente SON/ES, por ello no hay una verdad absoluta o un criterio único para obtener la verdad, ni los sentidos, ni la razón, por ello la indiferencia.
Escrito por: Sonia López
Lic. en Filosofía
FHyCS UABC Tijuana
Locutura en La Fulana